Nuestra boca es el líquido
que apaga las llamas del hambre
Deseo sustituto de lo que
nos queda de la poca vida
y horizontes ansiosos de cubrir
los esqueletos de las mesas
pero bastan para cubrir la propia.

Lo que uno come, lo que uno bebe
de migajas a banquetes
impedir la sonrisa pestrera
difícil es, lo logra el tiempo
lo logra el trabajo, lo logra el látigo
que osa mover este mundo
golpeando las espaldas que lo hacen girar.

Invocando a la barbarie de dos tenedores
lo que uno come puede ser
pollo de campo asado, plumas de cebolla
ajos, papas, aunque ese pollo es
más probable de cárceles para gallinas
le acompañan lentejas, reposadas
al agua por tres días, con peines
de arroz, zanahorias y otros sabores
le sumamos arroz marinero con mariscos
te tarros añejos, más ajos, choclos
tal vez los mismo que alimentan al pollo
y los sabores se mezclan en sinfonía sensorial.

A lo mejor el arroz creció
a dos cuadras de donde murió el pollo
y las lentejas las cosechó el padre
de la mujer que faena las aves
el tomate, cultivado por la hija
el cilantro también por la misma
Y aceite procesado a partir de las semillas
que explotan de inmensos campos amarillos de soles.

Para equilibrar la sal de las comidas calientes
el refresco  dulce, jugo de membrillo
nadie come crudo el fruto amarillo
paro cocidos son delicia.

Lo que uno come, lo que uno bebe
es para vivir un poquito más
es para lograr hacer una revolución
y poder dejar así
que los gusanos
hablen también
de lo que comen
de lo que beben
en el camposanto de los humanos.